La protección del consumidor en la comercialización de instrumentos financieros

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NORMATIVA QUE PROTEGE A LOS CONSUMIDORES EN LA COMERCIALIZACIÓN DE INSTRUMENTOS FINANCIEROS


Actualmente se encuentra en vigor el Real Decreto Legislativo 4/2015, de 23 de octubre , por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley del Mercado de Valores (en adelante Texto Refundido-. Pero con anterioridad a este, nuestro marco normativo venia regulado en la Ley 24/1988, de 28 de julio, de Mercado de Valores L (en adelante LMV), la cual estuvo en vigor hasta el pasado 13 de noviembre de 2015, momento en el que quedó derogada por el actual Texto Refundido.

 Para entender la configuración de ambos cuerpos normativos, tenemos que partir de la normativa europea, en concreto la Directiva 2004/39/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 21 de abril de 2004 , relativa a los mercados de instrumentos financieros, por la que se modifican las Directivas 85/611/CEE y 93/6/CEE del Consejo y la Directiva 2000/12/CE del Parlamento Europeo y del Consejo y se deroga la Directiva 93/22/CEE del Consejo (Directiva MIFID), y la Directiva 2014/65/EU del Parlamento Europeo y del Consejo, de 15 de mayo de 2014,  relativa a los mercados de instrumentos financieros y por la que se modifican la Directiva 2002/92/CE y Directiva 2011/61/UE (MIFID II).

MIFID I fue traspuesta a nuestro ordenamiento jurídico mediante la Ley 47/2007, de 19 de diciembre, que modificó la LMV introduciendo, en lo que a este artículo respecta, el Capítulo I al Título VII, con el siguiente tenor literal: “CAPÍTULO I: Normas de conducta aplicables a quienes presten servicios de inversión”.  Esto supuso la primera aproximación a las obligaciones conductuales de las empresas de inversión en la comercialización de instrumentos financieros.

Posteriormente se aprobó MIFID II, y con ocasión de la abundante normativa aprobada con posterioridad a la LMV y las modificaciones que en la misma suponía, mediante el Real Decreto Legislativo anteriormente mencionado se aprobó el Texto Refundido, que como en la propia exposición de motivos se refleja,  “permite preparar la normativa del mercado de valores de cara a esas inminentes reformas anticipando las futuras modificaciones y creando un texto que facilite la labor del legislador en el momento de la trasposición de las normas europeas”. Por tanto, el Texto Refundido que actualmente se encuentra en vigor ya cuenta parcialmente con las disposiciones en materia de obligaciones conductuales que la Directiva MIFID II establece.

A continuación veremos las diferencias, o no, que existen entre ambos cuerpos normativos, y el reflejo práctico que se plasma en la comercialización.


DE LOS DEBERES CONDUCTUALES EXIGIDOS


Tanto la LMV –tras su modificación mediante la Ley 47/2007, de 19 de diciembre-, como el actual Texto Refundido, disponen las siguientes obligaciones en materia de conducta que deben ser cumplidas por las empresas de inversión.

En primer lugar, se exige un deber de diligencia y transparencia. Esta obligación implica superponer los intereses del cliente sobre los de la empresa de inversión, de manera que deberán actuar primando los intereses del cliente.

En segundo lugar, se exige un deber de información, debiéndose proporcionar al cliente –o futuro cliente-, una información clara, imparcial y no engañosa. Dicha información deberá proporcionarse de manera comprensible y adecuada. El objetivo de este deber es proporcionar a los clientes la información suficiente para que puedan entender las características y riesgos del producto, tomando sus decisiones en materia de inversión con conocimiento de causa.

En todo caso debe advertirse sobre los riesgos asociados a los instrumentos financieros y las estrategias de inversión, facultando al Ministerio de Economía y Competitividad, o con su habilitación expresa a la Comisión Nacional del Mercado de Valores, de la información adicional sobre los riesgos que deberá proporcionarse con carácter previo a la adquisición de un producto. Con ello se pretende que, como se decía en líneas anteriores, el cliente o futuro cliente, adopte sus decisiones en materia de inversión con pleno conocimiento de causa, siendo plenamente consciente de los riesgos asociados al producto que pretende adquirir, y habiéndole sido informado, en su caso, de la no adecuación del producto en relación con los riesgos del producto y el perfil del cliente.

En tercer lugar, se impone el deber de realizar una evaluación de idoneidad y conveniencia. Estos deberes se refieren a la obligación que tienen las empresas de inversión de asegurarse de que el servicio de asesoramiento ofrecido o producto objeto de comercialización es idóneo o adecuado –respectivamente-, con el perfil del cliente.

¿Cómo obtener dicha evaluación?

La empresa de inversión deberá recabar toda la información concerniente a sus conocimientos y experiencia en el ámbito de inversión correspondiente al tipo de producto o servicio, su situación financiera y sus objetivos de inversión, de manera que permita a la empresa de inversión evaluar si el servicio de asesoramiento o producto financiero es adecuado para el cliente.

No obstante, ¿qué ocurre si la evaluación resulta negativa? ¿Impide comercializar el servicio o producto al cliente?

La respuesta depende si se pretende comercializar un servicio de asesoramiento o un producto. Si el objetivo es comercializar un servicio de asesoramiento en materia de inversiones, la empresa de inversión si no tiene la suficiente información o si resulta negativa la evaluación, no deberá recomendar servicios de inversión o instrumentos financieros al cliente.  Si el objetivo es comercializar un producto financiero en particular, y el resultado de la evaluación es negativa, la empresa de inversión podrá comercializar el producto, pero deberá advertir al cliente de que el producto que pretende contratar no es adecuado para él conforme a su perfil. Si el problema radica en que la empresa de inversión dispone de insuficiente información para evaluar el perfil del cliente, seguirá pudiendo comercializar el producto pero advirtiéndole de este extremo al cliente.


¿QUÉ NOVEDADES INTRODUCE MIFID II?


Lamentablemente, nada. Las obligaciones impuestas a las empresas de inversión para la comercialización de instrumentos financieros no difieren de las contenidas en la normativa anterior.

La MIFID II (Directiva 2014/65/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 15 de mayo de 2014), ha sido consecuencia de la profunda crisis financiera sufrida, que ha dejado al descubierto algunos puntos débiles en el funcionamiento y transparencia de los mercados financieros.

Uno de los principales objetivos era dotar de mayor protección a los consumidores en la contratación de productos financieros, implantando una serie de medidas proteccionistas en cuanto a la información suministrada a los clientes, así como deberes de actuación y prohibiciones a las empresas de inversión. Todo ello teniendo como base y principio inspirador el deber de las empresas de inversión de actuar siempre de acuerdo con los mejores intereses para el cliente.

En ello se centra el Título II, capítulo II, sección 2, arts. 24 a 26, sobre la protección del inversor. Los deberes y prohibiciones impuestos a las empresas de servicios de inversión serán analizados en el siguiente artículo. Pero como decía al principio de este apartado, adelanto que sustancialmente poco ha modificado, considerándola insuficiente en relación con las malas prácticas bancarias sufridas en nuestro país.


BREVE CONCLUSIÓN


Para finalizar, en base a todo lo comentado y analizado en líneas anteriores, se puede concluir que tanto la LMV como el Texto Refundido ofrecen el mismo régimen de protección al consumidor en relación con los instrumentos financieros comercializados por las empresas de inversión.

Por su parte, la Directiva MIFID II ofrece una ligera modificación, incorporando nuevas exigencias que siguen siendo insuficientes teniendo en cuenta los antecedentes sufridos en nuestro país. Dichas nuevas exigencias, como se ha indicado anteriormente, serán objeto de análisis en el siguiente artículo, que igualmente te invito a que leas y participes ofreciendo tu opinión y comentarios.

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